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08 November 2007

Editorial Renacimiento Comunista Noviembre de 2007

RENACIMIENTO COMUNISTA

“Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar”. No parece que esta sea la conclusión que la clase trabajadora ha obtenido del modelo neoliberal. Parece como si los ejemplos desastrosos de la aplicación de la economía capitalista no pasaran por las mentes de las familias españolas.

Las grandes corporaciones financieras internacionales y sus respectivos organismos (FMI, BM, OMC, etc.) están cargando con toda su artillería contra las economías de los trabajadores del mundo entero, con la falsa excusa de la crisis económica. Una supuesta “crisis” que viene fabricada por la necesidad de las multinacionales de extender aún más su dominio económico, y que se corresponde con los espectaculares datos de crecimiento económico. Quizá estemos en la mayor crisis de superproducción de la historia de la Humanidad, y la sociedad de consumo no puede, al menos voluntariamente, absorber ese nivel de producción. Las compras de bienes de consumo se reducen, la obtención de créditos hipotecarios disminuye estrepitosamente haciendo quebrar ya a varias entidades bancarias de EEUU, Gran Bretaña, Japón y España, el índice de morosidad en los créditos al consumo ya supera el 50%, y los precios de los alimentos básicos se encarecen a consecuencia de la producción de los biocombustibles (etanol). La capacidad de compra de la cada día más reducida “clase media” queda mermada año a año por las ínfimas subidas salariales en proporción con el aumento de los precios.

Por otro lado, los gobiernos europeos se desenmascaran cada vez más como entidades subsidiarias de las corporaciones económicas y partícipes del saqueo de los países pobres (anteriormente llamados colonias). El actual ritmo de crecimiento se está sosteniendo gracias a la sobreexplotación de centenares de millones de trabajadores, pero los “consumidores” de las metrópolis no pueden hacer frente a ese modelo de consumo porque sus economías están arruinadas. Las quiebras de muchas empresas se están evitando con el trasvase de millonarios fondos públicos a los bolsillos de la patronal, que chantajea con la crisis a los gobiernos con la amenaza de colocar a miles de trabajadores en las listas del paro; con lo cual el erario público (es decir, el dinero de los contribuyentes), no sirve para prestar unos servicios públicos de calidad o la contribución a la creación de empleos estables, seguros, dignos, y con derechos, sino que sirve como granero de fondos y dividendos para la burguesía. La conclusión es que el actual sistema económico se está sosteniendo de manera artificial, y la clase dominante es consciente de ello, y se prepara para una aguda recesión económica, de tal manera que no le afecte el empobrecimiento de millones personas.

La creación de nuevos cuerpos represivos y el fortalecimiento de los ya existentes responde precisamente a esa necesidad. Para poder sostener el languideciente modelo de producción y consumo, es necesaria la ampliación de jornadas laborales, la edad de jubilación o adelantar el acceso de los jóvenes al mundo del trabajo. Es necesario no solamente que esos cuerpos represivos asfixien cualquier iniciativa que pretenda romper con el modelo neoliberal, es necesario además que los propios trabajadores interioricen la necesidad de dichos organismos represivos y militares, así como reproduzcan mensajes xenófobos o que simplemente impliquen el recorte de derechos democráticos básicos.

La proliferación en Europa de organizaciones de extrema derecha (en España, el Partido Popular en su versión política y las bandas fascistas en su versión “armada”) pretenden extender el mensaje de que la inmigración o el islamismo son los responsables de la crisis. Es decir, la burguesía está preparando un abonado terreno sociológico para el retorno de lo que en los años 20 y 30 del siglo XX se llamó fascismo, la versión más criminal y radicalizada del capitalismo, en palabras de Jorge Dimitrov, dirigente comunista Búlgaro.

En aquel entonces, la izquierda socialdemócrata, al no plantear una respuesta contundente y popular contra los destacamentos políticos de la reacción, facilitó a los fascismos su llegada al poder. En la práctica, no dieron respuesta a las necesidades económicas de la clase trabajadora, cosa que fue sustituida con mensajes simplistas y consignas fáciles que eran extendidas por los partidos fascistas o nacionalsocialistas, en función de cada país.


La estrategia agresiva que la ultraderecha española, nucleada en torno al Partido Popular que agita constantemente hacia el recorte de libertades y la represión, está siendo respondida por la socialdemocracia liberal (PSOE) con una imagen de firmeza hacia aquellas expresiones políticas que plantean una ruptura democrática y popular. El PSOE, lejos de combatir el avance de la ultraderecha, está preparando su regreso triunfal de salvadores de la patria. Esta ultraderecha, escondida bajo una aparente doctrina “neoconservadora” no es sino otra cosa que esa expresión radicalizada del capitalismo de la que hablaba Dimitrov, pero adaptada a las condiciones políticas del s. XXI. La represión, ahora, se ejerce en defensa de la mal llamada democracia.

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