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07 September 2007

La incompatibilidad entre capitalismo y ciudadanía




"Nuestro libro trata de mostrar la radical incompatibilidad entre capitalismo y ciudadanía"


Entrevista a Carlos Fernández Liria, autor del libro Educación para la Ciudadanía publicada en la Editorial AKal.



“La ciudadanía es la condición por la que el hombre puede, en lugar de limitarse a vivir, aspirar a llevar una vida buena”, decían los filósofos griegos. Esta es una de las frases que Carlos Fernández Liria expone en Educación para la Ciudadanía (Akal), un manual para la nueva asignatura que deberá ser estudiada en 2º de la ESO y a la que se opone frontalmente la Conferencia Episcopal Española. La Iglesia Católica española promueve, aunque no explícitamente, la objeción de conciencia contra la nueva materia.

P. Los medios de comunicación ya se han hecho eco de la polémica respecto a esta asignatura, ¿Por qué cree que está levantando tantas ampollas su obligatoriedad en grandes sectores de nuestra sociedad?

R. En este país tenemos la desgracia de padecer una derecha pre-civilizada, pre-moderna, pre-ilustrada, dirigida por los sectores más reaccionarios de la Iglesia Católica, una Iglesia a la que sólo hemos visto movilizarse en contra de los derechos de los homosexuales, de los derechos de las mujeres y, en general, en contra de todo lo que les suene a Derecho. En estas condiciones, tampoco es demasiado sorprendente una furiosa reacción de la Conferencia Episcopal contra cualquier propuesta que incorpore, aunque sólo sea en el título, la palabra “Ciudadanía”. Es como si la mera palabra les produjera una especie de reacción alérgica letal, algo así como la luz del sol al Conde Drácula. Es decir, en un país como éste, en el que la jerarquía de la Iglesia pierde los papeles cada vez que siente amenazada una micra de su poder político, es normal que reaccionen con esa virulencia contra una asignatura que pretende transmitir unos valores distintos a los que inculcan ellos (financiados de un modo aberrante con fondos públicos) en la asignatura de Religión.

Ahora bien, aunque por razones completamente contrarias a las de la Iglesia, también nosotros nos oponemos al perfil que se ha dado a esa asignatura. En efecto, no creemos que “educar para la Ciudadanía” pueda consistir en adoctrinar en valores, por muy modernos y progresistas que sean, pero no porque creamos, claro está, que se deba adoctrinar más bien en valores rancios y fundamentalistas (es de sobra evidente que no compartimos nada con esos Príncipes de las Tinieblas que son hoy en día los obispos), sino porque creemos que el sistema de instrucción pública tiene por tarea la ilustración y debe rechazar, en general, el adoctrinamiento. Por eso nos oponemos a una asignatura que, como ésta (y, por supuesto, como la religión) carece de perfil científico. Lo que es un derecho de la ciudadanía (cada vez más abandonado, por cierto) es la educación para las matemáticas, la historia, la física o la filosofía, es decir, materias cuyo perfil científico impide llamar “adoctrinamiento” a eso que un docente transmite a un estudiante. El objetivo de nuestro libro, precisamente, es abordar el asunto de la ciudadanía en el estricto marco de la Filosofía como disciplina académica (adaptando todo el argumento, como es lógico, a previsibles lectores en absoluto familiarizados con la Historia de la Filosofía). Bien es verdad que la conclusión de nuestro libro trata de mostrar la radical incompatibilidad entre capitalismo y ciudadanía y, por tanto, habrá a quien le parezca un libro de mera propaganda comunista pero, en realidad, se trata de un argumento riguroso construido sobre la base del trabajo realizado por gigantes del pensamiento como Platón, Kant o Marx.

Carlos Fernández Liria, que trabaja actualmente como profesor de Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid, cuenta con un pedigrí pedagógico revolucionario que viene de antiguo. Del 84 al 89 enseñó a reflexionar críticamente a toda una generación con sus guiones en el programa televisivo La Bola de Cristal.

P. En el libro Educación para la ciudadanía, que ha escrito, en colaboración con Pedro Fernández-Liria y Luis Alegre Zahonero e ilustrado por Miguel Brieva, se refiere continuamente a Sócrates y Platón y a su defensa de una “existencia civil verdaderamente ciudadana, en la que nadie pudiera usurpar el lugar de las leyes.” ¿Nuestra clase política gobierna de espaldas al Parlamento?

R. Bueno, no sé, más bien diría que son los poderes económicos quienes gobiernan completamente de espaldas al Parlamento, a los gobiernos y al poder judicial. Más bien creo que habría que decir que los poderes económicos tienen por completo secuestrada la política en todas sus instancias. Bien es verdad que, mientras tengamos que padecer esta derecha ultramontana que nos ha tocado en suerte, hay todavía en nuestro Parlamento cierto espacio de juego que no es irrelevante, pero que sin duda tiene un límite claro: los intereses económicos de las grandes corporaciones.

P. ¿Puede ponernos algunos ejemplos?

R. Desde luego. Los ejemplos son infinitos. De hecho, este secuestro de todos los poderes políticos por parte de las corporaciones económicas se ha convertido ya en un elemento tan habitual en nuestra vida cotidiana que ya casi ni nos llama la atención. Recuerdo, por ejemplo, cuando el Parlamento propuso cerrar tres o cuatro domingos más al año las grandes superficies e, inmediatamente, el ministro de Economía, Pedro Solbes, intervino para decir que ni hablar, que el Parlamento debía abstenerse de meter la nariz en esos asuntos. Esto quizá sea un ejemplo trivial, pero precisamente muy sintomático de hasta qué punto se saben impotentes las instituciones políticas cuando se trata de legislar sobre asuntos económicos que puedan afectar a los intereses de las grandes compañías. En efecto, las corporaciones económicas tienen una capacidad casi absoluta de chantaje sobre los poderes públicos. El chantaje más evidente, claro, es la permanente amenaza de “deslocalización”, “descapitalización” y, en definitiva, la amenaza con la ruina económica. Pero, en realidad, el asunto es mucho más grave: la sangrienta historia del siglo XX ha puesto de manifiesto una especie de “ley de hierro” según la cual, cada vez que un Parlamento ha intentado sobreponerse a esos chantajes y amenazas y ha intentado legislar efectivamente sobre asuntos económicos, de un modo inmediato alguna intervención armada ha venido a dar al traste con el orden constitucional y a recordar a sangre y fuego que el pretendido poder de la soberanía popular no era más que un espejismo tutelado y vigilado muy de cerca por otro poder en manos de las grandes corporaciones. En el libro ponemos decenas de ejemplos, desde el caso de España en 1936 hasta la fallida intentona de Venezuela en 2002, pasando por casos como los de Guatemala (1954), Indonesia (1965), Brasil (1964), Chile (1973) y un larguísimo etcétera en el que es imposible encontrar un solo contraejemplo.

P. Sin embargo, la mayoría de la población votante se siente satisfecha con el sistema democrático actual. En el libro explica a los chavales cómo se manipula la opinión de la gente ¿Quién dirige nuestra opinión?

R. La dirigen un centenar de periodistas que no están en paro porque obedecen la voz de su amo y un centenar de intelectuales a los que se les deja hablar en el espacio público porque, más o menos, dicen lo que les conviene a los propietarios de los medios de comunicación. Entre unos y otros construyen una imagen del mundo a la medida de lo que dictan las grandes corporaciones económicas.

“Porque vale más un país conquistado por la Libertad, incluso vale más un país masacrado y arruinado por la Libertad, un país bombardeado y ensangrentado por la Libertad…que un país que haga lo que le da la gana”. El texto, escrito en la década de los 80, forma parte de uno de sus guiones para La Bola de Cristal, bajo el título de Vidas ejemplares. El Gran industrial americano. Mr. Copyright.

P. ¿Se inspiró Bush en los “electroduendes” para bautizar una de sus campañas de guerra contra Irak como “Libertad Duradera”? Fuera bromas, el discurso de Bush no dista mucho de lo que escribía usted como ironía…¿La realidad siempre supera a la ficción?

R. Lo que está ocurriendo en Irak supera toda posibilidad de ficción. Ninguna pesadilla podría hacerse cargo de lo que supone la destrucción de un país. La imaginación no da para tanto. Santiago Alba decía que, hoy día, habría sido mucho más difícil hacer los guiones de La Bola de cristal, porque los discursos de la Bruja Avería pueden ser pronunciados por cualquier político sin que nadie se inmute. El mundo ha empeorado mucho desde los años de ese programa de televisión. Pero lo más grave de este empeoramiento es la tranquilidad de conciencia que acompaña a esta situación. Nos hemos acostumbrado a que el mundo sea una pesadilla y eso ya no turba nuestro sueño. Y lo que es más grave todavía: la realidad que denunciaba el programa La Bola de cristal está siendo cada vez más reconocida internacionalmente no sólo como lo que es, sino también como lo que debe ser, adquiriendo el estatuto de una Ley o Constitución por encima de los gobiernos nacionales. Desde finales de los noventa, la OCDE y la OMC no han parado de trabajar en ese sentido, primero intentando sacar adelante el Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI), luego el GATS (Acuerdo General de Comercio de Servicios), el proyecto de la Constitución Europea, la directiva Bolkestein, en fin, todo son intentos de dar estatuto legal a la rapiña de los oligopolios mundiales para que no haya ninguna posibilidad de defenderse políticamente respecto de sus intereses. Este nuevo orden mundial ya no puede ser tomado a broma. Parece diseñado por la Bruja Avería, es, ya de por sí, una broma de mal gusto y, por los efectos que ya ha generado, no entran ningunas ganas de reírse de ella.

P. La embajada de EEUU protestó en alguna ocasión por alguno de los contenidos del programa La Bola de Cristal. ¿Sería posible hoy un programa infantil de ese calado en la TV pública actual?

Ni siquiera entendemos cómo llegó a ocurrir que el programa de La Bola de Cristal durara cuatro años. Probablemente no prestaron atención a su contenido crítico y político porque se trataba de un programa infantil. Por otro lado, el programa triunfaba gracias a una extraña alianza que tenía algo de imposible. Por una parte, estaban unos guionistas que se habrían calificado a sí mismos gustosamente de marxistas leninistas y, por otro lado, estaba el ambiente semi-yuppie y chupi-guay de “la movida”, responsable de la música del programa y de su imagen más característica (hubo algunos intentos de introducir a La Polla Records, para compensar tanta pijada, pero eso era ya pedir peras al olmo). De este modo, resultó que un programa que hoy en día habría sido prohibido de inmediato, permaneció emitiéndose durante cuatro años en la Primera Cadena de RTVE, sin que nadie se rasgara las vestiduras (a excepción, como tú dices de la embajada de EEUU). El programa fue premiado en muchas ocasiones, pero daba la impresión de que, para unos, era un programa infantil algo heterodoxo, para otros, un programa juvenil con la música de la movida; en todo caso, un programa de los sábados por la mañana, con un público demasiado joven para atraer la atención del Ministerio del Interior o del Fiscal General del Estado. Hubo que esperar bastantes años –a bastante después de que Luis Solana pusiera al equipo de La Bola de cristal de patitas en la calle, justo cuando éste se disponía a emitir una primera versión española de los Spitting images, lo que luego se convertiría (con otro equipo) en “los guiñoles”-, para que apareciera la llamada “generación de La Bola de Cristal” y para que se demostrara que la audiencia de este programa había sido mucho más extensa, mucho más atenta e inteligente y mucho menos dócil de lo que en principio había parecido. El slogan de la Bruja Avería “Viva el mal, viva el capital” comenzó entonces a resonar en todos los rincones de lo que más tarde se convertiría en el movimiento antiglobalización español, y el lenguaje de los electroduendes se convirtió en una especie de esperanto de la izquierda extraparlamentaria. Entonces fue cuando se cayó en la cuenta de que la presencia de ese programa en TVE tuvo algo de paranormal. Fue un milagro que tardaran cuatro años en deshacerse del equipo de La Bola de cristal. Hoy día no habría pasado eso: habríamos figurado en la lista de conexiones de la red terrorista internacional confeccionada por Bush y quién sabe si no habrían bombardeado los estudios de televisión.

Con el libro de Educación para la Ciudadanía pretendemos, de alguna forma, repetir el experimento. Introducirnos en la enseñanza pública y mirar a ver qué pasa si, en lugar de proporcionar a los adolescentes una meliflua “educación en valores constitucionales” para formar en ellos una mentalidad sumisa ante la ideología dominante neoliberal, lo que hacemos es, sencillamente, decirles la verdad. Decirles la verdad sobre la atrocidad del mundo que habitamos, sobre el capitalismo y sus exigencias, sobre esa mascarada a la que llamamos democracia parlamentaria y sobre esa estafa a la que llamamos Estado de Derecho. Por supuesto, se nos acusará de estar adoctrinando a los niños en el anticapitalismo o en el comunismo, lo mismo que se acusó de adoctrinamiento a La Bola de Cristal. Pero resulta que los niños o los adolescentes que se formaron con La Bola de Cristal no han resultado ser los más adoctrinados, sino todo lo contrario, han resultado los más libres, los más independientes y los que desarrollaron un sentido más crítico frente a la realidad. Este efecto es imposible lograrlo con el adoctrinamiento. En cambio, es el efecto habitual cuando se dice la verdad. Eso fue lo que hizo La Bola y es lo que pretendemos hacer ahora con Educación para la Ciudadanía.

P. Acusa a muchos intelectuales de recibir todo tipo de prebendas por encubrir los verdaderos problemas de nuestro mundo. ¿Hay lugar para que expongan su opinión los intelectuales críticos con el sistema?

R. Hay excepciones muy contadas en el mundo editorial, como Akal o la editorial Hiru, de la recientemente fallecida Eva Forest. Pero no en los grandes medios de comunicación. Ahí la dictadura informativa es absoluta. Es casi imposible que surjan fisuras. Puedo poner un ejemplo muy pintoresco. Por un error de última hora, Luis Alegre y yo fuimos invitados a participar en un debate de Antena 3 Internacional sobre el caso de la cadena de televisión RCTV en Venezuela. Por una extraña carambola que sería larga de explicar nos encontramos ahí sentados a punto de comenzar una emisión en directo, cuando la cosa ya no tenía remedio. Así pues, tuvieron que tragarse unas cuantas verdades que contradecían por completo la versión que la prensa española había impuesto a la ciudadanía. Lo que ocurrió, en realidad, fue que el supuesto debate se convirtió en un debate de verdad. Pues bien, el resultado ha sido espectacular. El video del debate se colgó en Youtube y llegamos a ser el número uno de noticias en español durante varios días. En la Universidad Complutense, el rector, el decano, los profesores y nosotros mismos hemos recibido centenares de correos, muchos de ellos amenazándonos de muerte. En Venezuela, el enlace se colgó en muchísimas páginas web y lo bajaron centenares de miles de personas. Pues bien, el resultado ha sido que Antena 3 ha obligado a Youtube a retirar las imágenes del programa. No se trata de un asunto de derechos de autor. Otros capítulos de ese mismo programa siguen ahí colgados sin problema. Es más, ahí está colgada una larga entrevista de Antena 3 con Marcel Granier, el dueño de RCTV, el mismo que discutió con nosotros en el debate, una entrevista en la que no para de mentir de forma descabellada. Y uno se pregunta ¿cómo es posible que sea necesario rebajarse a censurar una página web? ¿Es tan grave lo que dijimos Luis y yo en ese programa? Hay que tener en cuenta que en Youtube no hay prácticamente nada que no sea posible encontrar. Tan solo la pornografía infantil esta vedada, diría yo. La pornografía infantil y llevarle la contraria a Marcel Granier, llevarle la contraria a un dueño de un oligopolio mediático. ¿Por qué Antena 3 ha tenido que caer tan bajo, operando a un nivel tan insignificante y mezquino, hasta el punto de tener que censurar una página de Internet en la que no interviene ni la policía? La respuesta es bien sencilla: los medios españoles están mintiendo tanto y de una forma tan descarada respecto a la realidad venezolana que la más mínima fisura, el más mínimo argumento resulta letal para su estrategia. En general, están mintiendo tanto que sus mentiras sólo se pueden sostener con una cobertura mediática absolutamente blindada. Permitir el mínimo espacio para la argumentación acarrea el riesgo de derrumbar un andamiaje de mentiras que, para no colapsar, se necesitan todas las unas a las otras y, sobre todo, necesitan que se vete cualquier desmentido.

P. ¿Qué lecturas recomendaría?

R. Ante todo, yo creo que lo que hay que hacer es volver a leer a Marx. La razón es muy simple. Ahora sabemos más que nunca que Marx tenía razón en lo esencial. Tenía razón en que una sociedad sometida a las exigencias del capitalismo es una sociedad basura, una sociedad inviable y criminal. Por eso, hace falta recordar lo que es el capitalismo, estudiarlo de nuevo, repensar todos los conceptos de la economía política que nos permitan comprender por qué rodamos como una locomotora sin frenos hacia el abismo social y hacia el suicidio ecológico. Luis Alegre y yo hemos estado impartiendo en la Facultad de Filosofía una asignatura que se llama Lecturas de Marx y está teniendo un éxito prodigioso. Hay cola para matricularse, porque la gente quiere saber las causas de tanto absurdo político, de tanta miseria humana y de tanto crimen. Además, llevamos ya casi quince años escribiendo un libro con el que pensamos dar las claves para revitalizar la obra de Marx. Estamos a punto de terminarlo.

P. Por último, ¿qué está leyendo actualmente?

R. Curiosamente, estoy leyendo una novela muy documentada de Anatoli Ribakov titulada El terror y que trata sobre los crímenes de Stalin. Resulta de lo más interesante. También un libro excelente de Antoni Doménech, El eclipse de la fraternidad.

(Entrevista publicada en EL OTRO PAÍS nº 38. Julio de 2007)

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